miércoles, 21 de agosto de 2019

Umbral



El cielo abandonó su manto púrpura para verse por primera vez claro; entonces, descendí tras la última luna roja. Me había descubierto joven, miré a mi compañera y pensé en el doble juego, en el juego doble de nuestros sexos. Sin embargo ─ella y yo, por su puesto─ nos jugaríamos a todo, embistiendo al son de los tambores y negando el compás de los astros y sus cascabeles, empujando la rueda desdentada hacia el sulfuroso abismo.
Pensaba en el llanto estéril y en el Cristo pegado al seno. Sentí rabia (tal vez aversión). Fui contra él. Mi puño contra él. Vencí. ¡Blasfemé tu nombre! Quería el poder de reinos y estados.
De pronto vi la sarna de Job multiplicando pústulas. Apilándose los huesos encenizados al borde de la chimenea, escupiendo mí nombre hacia el firmamento que entonces tocaban mis manos. (Ella, la negra sombra solo veía la mordaz figura de un viejo gato lamiéndose, gelatinoso). La tomé encolerizado y volvimos al juego ─ella cedió, como siempre─. Entonces, miré atrás (sobre mi hombro) vi la casa, el palacio en cristales a distancia, mi choza, el palafito infernal. Lloré, lloré un llanto viscoso (dejé de embestir).
¡Soy acaso el vil verdugo de la muerte… Señor!, ¡me has enviado solo contra la ella! Grité.
Al instante me brotaron nuevas y grandes plumas tornasol mientras danzaba sobre el cuerpo estático de la víctima. Ella yacía sangrante. Los celestes espíritus temblorosos lloraban al hermano que se va… y nació un nuevo día para el hombre.

©Marcos M. Coronado

sábado, 8 de junio de 2019


Los Imberbes de Ricardo Ayllón


Después de una gratificante lectura de un gran autor peruano dueño de una trayectoria literaria como autor y editor, no queda más que compartir el texto de manera apropiada y no guardarlo en la memoria o en el espacio asignado en el estante para autores contemporáneos. La obra: Imberbes; su autor, Ricardo Ayllón.
De Ricardo se sabe que ha realizado varias entregas de títulos de narrativa infantil y juvenil así como del género narrativo en general, es ganador de varios premios nacionales como el Altazor de Novela Infantil (2014), entre otros.
Imberbes, es una colección de cinco cuentos muy bien trabajados, sabido es que el autor ha logrado con facilidad y maestría adentrarse en los vericuetos de la narrativa y contarnos con sencillez los dramas de sus personajes. La obra está recomendada para el plan lector y aparece bajo el sello de ornitorrinco editores, la temática es variada y asentada principalmente en la ciudad norteña de Chimbote. Hay en su escritura el juego de tiempos narrativos y de temáticas urbano-marginales.
El primero de los cuentos “Patarra” y del que esbozaremos algunas ideas. Es a nuestra forma de ver el personaje creado por el sistema educativo de nuestros tiempos, carente de estructura y políticas educativas integrales: de calidad y equidad que tanto se esfuerzan los ministros de turno por hacerlo creíble. Lo cierto es que Patarra, el protagonista, un niño que cuanto más intenta congraciarse con los estudios no va a lograrlo y lo abandona, aunque él sabe que es capaz de superar sus dificultades para el estudio, sin embargo las adversidades siempre están ahí para hacerlo desistir. Los valores o antivalores que aquí se presentan pueden ser la siguiente dicotomía: perseverancia-abandono, amor propio contra el desprecio de sí como sujeto que se niega a aprender, hasta un acto de justicia e injusticia con el desenlace cuando el ave que posado sobre su cuaderno acaba con sus ilusiones de dedicarse al estudio.
Patarra, sin embargo, representa ese niño-adolescente que aunque los estudios no les son favorables ya sea por múltiples factores: entorno familiar, escolar, aprestamiento o dedicación, contexto social, etc. Prefiere hacer lo que sus compañeros mejor elogian y es ocupar su tiempo en actividades en las que sí son valorados pero que no contribuyen a su “formación” (desde una mirada tradicional) y prefiere ir tras las lagartijas fungiendo el mejor tirador y es además diestro con el balón de fútbol. Esto nos lleva a la reflexión que desde la escuela debemos tener una mirada más integradora y menos excluyente, más equitativa e integral. Como docentes estamos en la obligación de ser críticos del sistema pero también guiar a los estudiantes a ser conscientes de sus capacidades y aprovecharlos en mejora de un proyecto de vida real.
Considero que es un libro que debemos tenerlo como lectura obligada, si cabe el término “obligado”, sino necesario. Y reflexionar sobre la actividad pedagógica y el proceso mismo de la creación. Al final del libro hay un plan de trabajo para analizar los cinco cuentos o como prefiere denominarlos con más propiedad, Jorge Eslava, otro magnífico escritor, cinco relatos.



sábado, 11 de mayo de 2019

DESHABITADOS



Aprendimos a odiar como las bárbaros
etéreos que siempre fuimos
[cargados de dolor como dos polos],
listos para aprender el juego de los no-hombres.
Arrancado las flores y las hojas frescas
de los ajuares de la primavera.
imprimiendo el gris de nuestras almas
en cada acto como los seres deshabitados
que siempre seremos.

miércoles, 20 de junio de 2018

Funeral



FUNERAL

Caronte, el barquero


No quiero barca, corazón barquero,
Quiero ir andando por el mar al puerto.
RAFAEL ALBERTI.

¡Oh mi Ser, estás allí sometiendo la jauría de sombras!,
guiando las horas desde el faro sobre la crecida ola,
caporal de mis sombras augurales.
Devuelves la identidad y la patria, los campos y
la hoja ondulante de la libertad en tu pecho, en tu molde claroscuro,
donde mis manos te van dando vida desde la simiente.
¡Oh mi Ser! ¡Espejo, ópalo, mineral, forma de mis formas!
Esta condena de beberse los bofes de cara al sol tras el llanto de costillas,
me envuelve los pies con un manto sibilino.
Y danzan agujas a la altura de la pena, cuando caen los sueños en el polvo…
¿Dónde está tu brillo, dónde estás tú, qué hace tu espalda lacerada en mi lecho?

En mi barca cabe mi juego de serpientes y estas monedas herrumbradas de miseria.
¡Vuelve a la orilla! Vuelve y corta la voz para mirarme solamente
como una sombra sola, como el espectro que mira su reflejo y descubre su designio de cucaracha.

Las olas vuelven casi siempre galopantes a morir en la orilla, sin peces, sin corales,
sin fuerzas de luchar contra marea, contra vientos, contra la oscuridad perpetua.
Las olas vuelven idénticas y amorfas, caen de bruces a los pies de los amantes…
Y van lavando las cruces, van mojando sus cruces, van sus cruces amando.

¿Cómo pretendes ocultarte entre los vientres inflados de nada?
¿Cómo entre tus manos inmundas profanas mi templo ausente?

Llegas al hueso de la idea royendo un famélico deseo,
como si de tanto velar el santo de las formas,
ellas volvieran listas para devorarnos.

Y de pronto soy el cadáver que yace anidando lechuzas
en las cuencas vacías, tendido entre el mar y la arena,
y vivo escondiéndome en el sueño efímero de las olas
y su vaivén de música infinita…

¡Oh mi Ser! Devuélveme el canto de la vida…






domingo, 16 de julio de 2017

Gala, bálsamo del dolor o Egeria de la locura.

Gala, bálsamo del dolor o
Egeria de la locura.



Gala es como un chorro de luz tras un volcán iridiscente

que engulle desde su magma cuando me mira.
Ahora el cielo es azul con ribetes blancos
pintados con un dedo de azafrán.

En un día total mente nuevo, como un fénix tierno
listo para andar, vapuleado por su impotencia
de encadenarse nuevamente a la quietud.

Desde el ornato balsámico de madreselvas y alelíes
me detienes los pasos que van directos a la locura
y en su lugar me hablas de amor,
del loco corazón prisionero en una jaula de huesos.

Pero encuentro sabiduría en el espejo,
el gay saber que los letrados desoyen. Y te pido tiempo
para entenderme con los míos, con las corbatas viajeras
y los desterrados zapatos. Y también el polvo que viene detrás.

Con el espacio ciego y el tiempo en el pecho,
voy por las calles gritando inconcluso,
entonces, los años me asaltan sultánicos
y he vuelto hoy, tan lejano, apenas,
sediento y con los piojos blancos.

Gala, se ha ido, se ha cansado de mí, del dolor
que significa parir un monstro y esperar, esperar qué,
esperar el tierno metamorfoseado del placer.
El tiempo es para ella medida en una flor, y, tiene prisa.

Gala y su mirada aviesa y su seno inquieto
ya no encontrarán soltura en el viejo puerto del amor
a la brisa de un día de arcoíris sobre el mar.
La belleza le es tan lejana ahora, Gala,
la acuarela tenue del dolor.

Mis malabares con la poesía no significan ya más
que un payaso y un semáforo de la urbe gris,
una mascada se alza titánica y nubla mi ser.
Entonces vuelve la ciudad con su bronce corvo
a plañir tan fuerte en mi interior y caen las falanges
como una pandemia de gusanos níveos en baldosas.

Miro. Sedienta la hoja roja, afila sus fauces en lo alto.
¿Qué quiere? ¿qué busca? Acaso la piedra reclama
el cortejo nupcial a deshora. Soy quien se niega a volver
al altar sepulcral. Los cipreses y su espera convulsa
a distancia quedan enhiestos con otoñal atuendo, frígidos,
esperando en vano el nupcial cortejo.

Mi casillo de naipes se tambalea sobre una cuerda de nudos
como un quipu hereditario, un can roe a prisa las orillas
de sus cuatro suyos. Sé que la hora envuelve
de martirio al reloj. A qué viene tanto tormento.
Sabe mis plantas andantes del finito caminar.

¡Oh Muerte, en qué vientre de líquido aquelarre
se jugó tu suerte, tu sino, en qué senil estatua ocultas tu ira!
Gala, hace fiesta en su sexo y tú, qué júbilos festejas.

Wagner, hace espectáculo con los jirones de mi piel,
los enloda, los purifica, los tira a la negra lluvia,
y hace un terciopelo para cubrir a la sombra.
A ti soberana tumba, qué te aflige.

Entonces veo aparecer tu rostro líquido
suspendido en el espacio corpuscular de la noche.
Te interrogo. Hay entre mi pupila y tu cóncavo párpado
un dilema incognoscible, un juego de azar sublime
que envuelto de misterio acorta nuestras distancias.

Ha sido un efímero sueño. Has sido un sutil
tropiezo del yugo humano. Ahora, cada respiro,
cada traspiración de los poros es un azahar florido.
Sensación que se produce al leve vibrato de tu dolor.

Es media noche y el pez nocturno a puesto con sigilo
su ojo en lo alto, vigila tu faz liquida desprenderse
de mi glándula durmiente, tras el fuego acuoso del esperanto.
Las ninfas han muerto. Heroida, recorre la fosa.

Gala, prístina recorre no solo los dominios del dolor,
sino, balsámica entra en los intersticios de mi ser.
Mi pobre alma desnuda no resiste tal intromisión
y se resquebraja como un cirio apenas temperamental
que espera la ascensión de los clavos religiosos.

Gala. ¡Oh, Gala! mi florido jardín de alelíes y ninfas,
de azahares y esperantos; morirá antes del invierno.
Que loca visión arrebató tu esbelto talle.
-Nada, dices. ¿Pretendes el signo natural de la muerte?
Callas. Por qué callas desesperadamente.

Llega la aurora matutina al dintel de mi cuarto
que cubre su nocturna estancia sigiloso.
Llega con éxtasis de una transición malsana y trashumante.
Invoco en desesperación al fénix de la noche,
al cuervo negro de Poe. Y no hay más
que tus ínfulas llenando el aire.

Ni laurel ni cantos satisface tu locura arrebatada.
Respiras adicción. Ni el propio opio se compara
a tu frenética locura de secundarme desde las falanges.
Tortura que impones cual veneno contra toda ilusión de libertad.

Has vuelto al poeta esquizoide en su juventud,
¿Qué será de sus años de olmo, de bisturí?
¿Qué será de su hambre, de su imaginación? ¿Su sed?
Sumisión + dolor. Sumisión+ hambre = dolor.
Seducción + cadáver. Seducción+ otra vez cadáver = dolor. 

Dónde está la compasión de la muerte hipnótica,
ahora que la mañana desde un sueño proverbial avanza
tras las migajas de un cirio desnudo que se envuelve
en un llanto flamígero dispuesto a quijotesco batallar.

Apagado y humante en los brazos otra ves de la aurora,
sediento, cual mármol rocoso y salino, con las falanges exangües
de náufrago en la orilla opuesta, que vive sueño o delirio,
de cadáver y sombras vuelto a renacer.

He de invocarte desde el sepulcral destino: Gala…

Gala, bálsamo del dolor o Egeria de la locura.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Umbras delirantes


Ahora que las vísceras nos devoran los campos
no hay por qué temer a la muerte.

El unicornio y su cuerno antiguo
nos embrujó con su belleza… ¿lo advertiste.?
El mito se bebió la sesera.

Las sinagogas y las plazas gozarán su canto.
Y desde el cañón el eco acabará
con tu frágil tímpano de esperanza.
 
Hay otras sombras que nos habitan,
se multiplican con el secreto genético
de la oveja que parió un lobo aberrante.

Las guerras las jugamos en una mesa con soldaditos de plomo.
Al otro lado Hiroshima, con cien mil años, jamás tendrá niños.

¡Huye! Las sombras son siniestras danzantes,
pueden cortarte la simiente con una cítara deicida.






domingo, 13 de diciembre de 2015

UMBRAS DELIRANTES

Origen 

LUNA ROJA
www.mundotkm.com 

El cielo desató su manto para verse por primera vez claro; entonces, descendí a la manada en que por primera vez nos juntaríamos desde la última luna roja. Me había descubierto joven, miré a mi compañera y pensé en el doble juego, en el juego doble de nuestros sexos. Sin embargo ─ella y yo, por su puesto─ nos jugaríamos a todo, embistiendo al son de los tambores y negando al celeste cielo, empujando la rueda desdentada hacia el sulfuroso abismo.
Pensaba en el llanto de la vieja estéril y en el Cristo pegado al seno. Sentí rabia (tal vez aversión). Fui contra él. Mi puño contra él. Vencí. ¡Blasfemé tu nombre! Quería el poder de reinos y estados.
De pronto vi la sarna de Job multiplicando pústulas. Apilándose los huesos encenizados al borde de la chimenea, escupiendo mí nombre hacia el firmamento que entonces tocaban mis manos. (La negra sombra solo veía la mordaz figura de un viejo gato lamiéndose, gelatinoso). La tomé encolerizado y volvimos al juego ─ella cedió, como siempre─. Entonces, miré atrás (sobre mi hombro) vi la casa, el palacio de cristal a distancia, mi choza, el palafito infernal. Lloré, lloré un llanto viscoso (dejé de embestir).
¡Soy acaso el vil verdugo de la muerte… Señor!, ¡me has enviado solo contra la muerte! Grité, mientras el cielo vomitaba su perdón de fuego.

Al instante me brotaron nuevas y grandes plumas tornasol mientras danzaba sobre el cuerpo estático de la víctima. Ella yacía sangrante. Los ángeles temblorosos lloraban al hermano que se va… y nació un nuevo día para el hombre.