sábado, 4 de abril de 2020

El extraño caso de Hermann Klein


El extraño caso de Hermann Klein, de Javier Quirce

En tiempos como estos en los que un libro puede salvarnos la vida, metafóricamente hablando, claro está. El extraño caso de Hermann Klein, nos resulta de gran ayuda para navegar en esta incertidumbre de cosas. En lo sucesivo comparto mis apuntes sobre la novela que entendemos que es el inicio de una larga entrega de Javier Quirce en el género de novela negra.
En este libro hemos logrado observar de manera magistral y bien detallada la novela policial o novela negra, aunque la crítica suele diferenciar; para efecto de este comentario, consideramos, van en la misma dirección. El extraño caso de Hermann Klein, nos muestra una elipsis que se va tejiendo a lo largo de la historia aunada a la técnica  del dato escondido que su autor ha sabido tejer con maestría alrededor del detective Juan Steinberg. De quien su autor nos va develando algunos datos que uno de sus personales lo usará para chantajearlo, obviamente con un conocimiento de la técnica como su autor no ha develado conocimiento del género y de la narración.
Vemos que hay personajes que van develando algunos datos esenciales como amigos del héroe y detractores del antihéroe además se muestra la figura del chivo expiatorio, y quien asume este rol, pues es efectivamente el detective quien tarde se dará cuenta de la trampa que se le ha tendido so pretexto de buscar al culpable en el Informe Klein.
 Sobre su autor ha sabido elegir sus personajes y a veces actúa como un demiurgo que va soltando consignas y en otras se limita a ver cómo los personajes evolución a medida que nos adentramos en la historia. A través de ellos también podemos conocer de sus aficiones, sus lecturas, sus demonios internos, etc.
Así a medida que avanza la historia en nueve apartados, el autor nos relata lo que será el extraño caso de Hermann Klein, que para redondear la historia bien pudiera haber coincidido con los seis monjes apocalípticos que estarían al mando de Markus Berger:
Juan Steinberg es convocado en Barcelona para ir a Hong Kong, después de pensarlo, al fin se decide enrumbarse a la ciudad oriental y entre sus cosas, lleva su biblia, su cuaderno de notas, entre otras menores. Instalado en un hotel de la isla, asiste a la cita a la hora pactada: ha sido convocado por su trabajo de detective. Sin embargo, se da con la sorpresa que quien ha contratado sus servicios sabe mucho del pasado de Steinberg en Barcelona, hecho que lo deja un poco intrigado, por lo demás le narra todo respeto de Hermann Klein y le pide discreción y sobre todo lealtad.
En el siguiente apartado el narrador se confunde con la polifonía de los personajes como el dios, a través de un narrador omnisciente, y con los mismos personajes como Berger quien ha enviado el Informe Klein para ponerlo al corriente. Steinberg, por su parte, reúne las pistas que necesita para seguir el caso encomendado, y se va involucrando con dicho encargo, así como, con las imágenes del círculo de los siete, alrededor de la pirámide que tanto se mimetizan en el ensayo Política como con el dibujo de la pared. Mientras, se entrevista con algunos conocidos del desaparecido, se involucra con una joven llamada Katsumi con quien pasa una noche y quien ha visto su somnolencia y le pide quedarse a su lado. Pero Steinberg, decide salir a buscar nuevas pistas. (Aquí, el autor respeta la tradición de la negación del amor del héroe o personaje).
En el tercer apartado la entrevista con John Archibald, lo deja pensativo ya que este le revela todo lo que Berger sabe sobre su pasado y el propósito por el que se construirá la pirámide y el rol que ha de jugar en lo sucesivo en el gobierno de los siete mojes en el nuevo orden, algo que Klein había predicho con antelación a sus allegados. Por lo cual los rusos y asiáticos estaban siempre al acecho.
Peter Hansen, se convierte en el séptimo sello y aunque le emociona trabajar en la nueva sociedad como el arquitecto que construirá el edificio a la usanza de la pirámide egipcia Keops, tiene alguna duda por el poder que ejerce Berger. Hecho que le llevará al suicidio en lo sucesivo. A demás hay una buena noticia, Ana Scheiler, ha aceptado viajar a Hong Kong para entrevistarse con Steinberg y le dará nuevas pistas para redondear al investigado.
En el apartado de El Dragón Rojo, conoce al ruso Vladimir Maslow que lo hace torturar y con un conjuro oriental lo conduce al ensueño en donde le piden revelar la información sobre el paradero de Klein, hecho que se lleva a cabo bajo el poder del alucinógeno y las artes zoroástricas de la asiática cómplice de Vladimir. Al día siguiente el investigador no recordará nada del episodio solo se dará cuenta que ha perdido el informe y sus apuntes. Este es un gran dato escondido que se revelará en el apartado final ya que su autor ha preferido mantenernos en vilo siguiendo el hilo de la madeja, cuestionándonos, porque las acciones de los personajes se esmeran en dejar pistas que fácilmente podrían ser develadas.
Efectivamente, en la Valquiria es Ana Scheiler, quien ha visitado a Steinberg y es una pieza clave para el gran misterio del rompecabezas en la vida del místico, filósofo entre otros atributos con el que se refieren a Klein. Ella, le va confirmado algunas sospechas sobre Berger que al pasar de las horas se descubre como quien busca darle muerte a su socio desaparecido y para ello ha buscado al detective como chivo expiatorio. Tarde este confirma sus sospechas que ha sido utilizado para tal propósito.
En lo que avanza la narración unos agentes de policía españoles, Manuel y su colega le revelan  el porqué de su visita en Hong Kong y por qué Berger estaba tras de él, además le hacen saber de las múltiples relaciones que tiene con el desaparecido. Además le previene de meterse en líos con la policía local, y le reiteran que vuelva a España y cumpla con su pena en prisión por lo que hecho en el pasado. A que el autor ha tramado otro dato que ha ido escondiendo a lo largo del relato, estrategia que ha servido a Markus Berger para chantajear al detective.
Sorpresivamente, un hombre chino llamado Martin Xian, ha enviado a su gente para llevarlo ante él y pedirle que se una para poder atrapar a Berger, porque tanto como Vladimir, no han sido convocados al propósito de los alemanes, Berger y sus iluminados, ahí en su propia ciudad lo cual ha irritado al viejo truhan de los bajos barrios de Hong Kong.
Finalmente, la gran elipsis es revelado, aunque mantiene un final abierto (como la gran tradición de novela negra) en el que el personaje, Juan Steinberg encuentra a Hermann Klein y este acepta lo que le tiene preparado el destino, dice: El momento más feliz de una persona llega cuando se da cuenta por fin para qué ha nacido…, pero no quiere morir según el juego de Berger y le pide al investigador que se aleje con los chinos que ha contratado para sacarle de ahí. Este, Steinberg, recita un verso revelador de la biblia y se va.
En resumidos términos, estamos frente a una novela que tiene los elementos necesarios para mantenernos en vilo, analizando, escudriñando siguiendo las pistas del detective Steinberg como de las reseñas librescas que los personajes de su autor van filtrando a lo largo de la narración. Esto da cuenta que su autor a pesar de ser su primera novela en el género, ha seguido la gran tradición de la novela negra.  En consecuencia consideramos con gran auspicio el buen inicio para una saga que hasta donde sabemos va por su tercera entrega. Auguramos los mejores deseos a su autor Javier Quirce, que quien sabe si también él es uno más de los personajes de El extraño caso de Hermann Klein.
Desde la sombra de la cuarentena,
Marcos M. Coronado- Perú.
En verano, de 2020





















sábado, 28 de marzo de 2020


Cuerpo de amor, de Diego Samalvides.

El joven poeta y además columnista, Diego Samalvides, ha tenido a bien compartirnos su poemario: Cuerpo de amor (Editorial Summa: 2020) de quien hemos recibido con agrado en estos días de soledad, de reencuentro familiar, de humana solidaridad; pero sobre todo, de ocio digno. Ha sido, una grata experiencia de lectura, como bien lo señala en su presentación de la obra, otro gran escritor: Miguel Pachas Almeida.

Así pues, un libro, un verdadero libro, se debe a la calidad del texto y desde luego a sus lectores. No congraciarse con ellos, de ninguna manera, sino despertando y avivando esa llama que cada cual lleva en sí mismos. Deleitarlo, sacudirlo, darle de bruces contra la existencia, caso contrario, es un manojo de tallos más o menos destinados a secarse y servir de humos tan solo para el autor, pienso.
La obra en cuestión tiene lo antes señalado, un fuerte sacudón del espíritu, del goce estético. Su autor ha considerado organizarlo en tres momentos o estadios del sentimiento como son: Poemas iniciales, Poemas de amor y Tribulaciones.

En Poemas iniciales (poemas I-VII) hay un tono existencial que recorre los versos revestidos de un amor sublime entretejidos con el eros, philia y el ágape de quien su yo poético nos va develando el nacimiento del amor en todas sus manifestaciones y estados emocionales. Es el canto inicial al amor.
En Poemas de amor (poemas VII- XVI), oculto entre sus versos hay una poético que canta al amor sin melosería y evitando caer en el hartazgo. Se canta definitivamente a una musa que es: luz, bien, amor, libertad, etc. y lleva al poeta a pincelar la vida, la esencia, lo sublime con una manera muy personal y de altura.

Y finalmente, Tribulaciones (poemas XVII-XXXV), este último apartado se muestra como el catalizador de la aventura del sentimiento llamado amor. Una mirada sobre: la partida, la añoranza, resignación; en suma, el adiós. Tal vez aquí hay una muestra del ágape, un amor sublime consubstancial en el que se deja partir al amor.
Obviamos señalar poemas para que usted, estimado lector, goce de estos 35 poemas elegidos por su autor.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El llamado de Uchima-Chikan


El llamado de Uchima-Chikan
(relato)
No sé si respiraba, lo cierto es que la sangre se me heló de repente. Y permanecí ahí como una estatua bajo la luna. Han pasado algunas horas y es cuando me pongo a rememorarlo para evitar el olvido, porque la memoria sometida a los excesos a veces se vuelve frágil y vulnerable como los bambúes agitados de la orilla. Pero estoy segura que los veía alejarse a contra corriente. Los veía perderse en la distancia.
Era fiesta de San Juan, la fiesta que nos hace volver a la tierra que nos vio nacer, y celebrar el deceso del mensajero del cristo y comerse la cabeza del profeta al ritmo del wanqara cual seres primitivos y errantes. Eso pienso. Crecí al margen izquierdo del Huallaga, ahí donde sendero mató a mis padres y los cuerpos aún cálidos y humeantes los arrojaron en una moyuna a pocos metros del majestuoso puente─. Esta, se los tragó para siempre en su larga tráquea de serpiente. Cada noche imploraba a orillas de las aguas, los devolviera, hecho que jamás sucedió. También aquellos han desaparecido. Nos dejaron una huella imborrable. Ahora, soy estudiante de la facultad de letras en la universidad de los Caballeros de León, fui becada por esa extraña ironía del destino. Digo extraña porque si no fuera por los convulsos noventas y dos mil, no hubiera tenido la oportunidad de llegar siquiera a terminar la educación básica. Un día, un becario apareció en el recodo del río seguido por otros hombres uniformados y luego me arrancaron y trasplantaron entre libros y más libros. Estoy agradecida por ello, sin embargo, los eventos inexplicablemente sucedidos, no hubieran tenido lugar jamás de no haberme alejado.
Los sueños y las pesadillas me han acompañado toda la vida. Y a medida que iba creciendo, por las noches se iban presentando situaciones más desafiantes; como si en los días fuera una persona de lo más normal y tranquila y por las noches, en los sueños, emergía otra historia paralela en la que era habitual sortear los peligros de quedarse atrapada para siempre. Era prisionera de aterradores espasmos catatónicos pero debía seguir respirando y esperar el lento amanecer y con los primeros rayos de luz levantarme jadeante y húmeda. Y otra vez la noche siguiente volver a la zona habitual de lo onírico donde cobraba vida lo insondable. Donde la naturaleza en su conjunto cobraba vida reclamando algo que entonces desconocía. ¿Qué quería de mí, una muchacha que apenas empezaba a ser mujer? Tiempo después lo comprendería.
Esta es otra de las tantas noches que he permanecido en vela. Antes de ayer tuve un sueño menos extraño que los que acostumbro y por eso me sobresalté. ¿Sería un adagio? Pues no podría saberlo. Lo cierto es que en la oscuridad busqué a mi hijo, mi mano somnolienta y ciega recorría bajo la sábana, de repente logré tocarlo por la espalda y una piel fría salió a mi encuentro, despertó de un sobresalto; él, ya estaba resfriado, lo arropé cuanto pude para evitar alguna complicación de los bronquios. (Se había vuelto muy enfermizo). Debo decir que he vivido sola con él, protegiéndolo como es menester de cualquier madre. Sobre todo porque un hijo es un regalo muy especial. Su padre, un machaco universitario apenas convivió conmigo unos meses y antes de que fuera a dar a luz desapareció sin dejar rastro, de ahí han trascurrido tres años, los mismos que he tenido que vivir con la caridad de las gentes. Omitiré algunas cosas. Él se fue y eso nadie puede cambiarlo. He tratado de sobrevivir haciendo los mandados en las casas y familias de la ciudad, como dije, de los Caballeros de León de Huánuco. Mi hijo crecía y empezaba a imitar los gemidos humanos, tratando ya de hacerse de sus primeras palabras. No necesité de su padre, o tal vez sí, pero no estuvo ahí cuando los dolores me asediaban como si fuera a traer al mundo una criatura gigantesca y de otra dimensión y tiempo. Todos nos sorprendimos, era un bebé recio, al que llamaron Uchima porque ni bien nació intentó levantarse y arrastrase en las mantas, aun siendo un bebé nacido antes de tiempo. Pero la partera, esposa del viejo japonés que no salía de su asombro, prefirió llamarlo Chikan, no pude oponerme ya que les debía prácticamente la vida de ambos, ellos, eran unos ancianos de las afueras de la ciudad quienes me acogieron desde el principio y por tanto podían llamarlo como quisieran.
Pero estaba en lo de la otra noche. Habíamos de volver antes de los parciales. Recogería al niño de la pareja de ancianos que tenían un puestito de remedios amazónicos en el mercado popular y en la tarde nos enrumbaríamos por la serpenteante orilla del Huallaga. Pero, Chikan, enfermó y tuve que retrasar nuestro viaje porque el cambio de clima y el tiempo atmosférico fueran a complicar su salud. Al menos eso creí. Así que esa noche, estando al pendiente de la criatura me sobrevino un cansancio acumulado por las noches enteras en vigilia. De repente estaba sentada en la rivera, ahí, donde solíamos lavar la ropa con los primos y demás familiares antes de la revuelta. Estaba chapoteando los pies como antaño y de pronto se abrió una gigantesca moyuna a distancia, luego se elevó una enorme ola y se fue rio arriba como si fuese un huracán dejando un sonido ensordecedor en el ambiente mientras los bambúes de la orilla parecía romperse con la fuerza sísmica. A veces se comportaba así, irascible y tempestuoso. Cuando desperté estaba todo sudorosa ya que trataba de no dejarme arrastra de la orilla sujetándome a lo que fuera. Mi pequeño también se había mojado al estar durmiendo en mi costado, fue cuando cogió el resfrío, pienso. Esperé a que se recupere y así fue, con unas infusiones y preparados de los ancianos estábamos listos, entonces, salimos al siguiente día. Solo iríamos a pasar las fiestas y volveríamos tan pronto como acabara. Al menos eso creí.
Desde ese momento supe que estaríamos nuevamente volviendo al pasado, pero estaba dispuesta a enfrentarlo, no permitiría por nada del mundo dejarme arrebatar a mi criatura. Sin embargo, debo contar que habían episodios en nuestras vidas tan extrañas que a veces no sé si nos cuidaba o nos quería arrebatar la existencia como a las personas que se me habían acercado. Tuve un novio a los quince años, época en que vivía empleada en todas partes, aquel muchacho que misteriosamente se fue o mejor diré, desapareció cuando jugábamos en el recodo. Después de prometerme amor, decidió probarse infantilmente el valor: a él y a los que allí estábamos, subió a la palmera más alta y se lanzó al rio y jamás volvimos a verlo. Todos lo buscamos durante días, incluso entre las comunidades más al norte con la esperanza de encontrar su cadáver. Pero la noche lo había soñado en la misma forma y circunstancia en la que aquellas aguas tranquilas y calmosas repentinamente abrían sus fauces y luego como una columna de agua se abalanzaba sobre él y lo desaparecía mientras yo pedía auxilio y nadie respondía en aquel remanso. Años más tarde cuando estaba en la otra ciudad, lejos de los traumas de la infancia y la adolescencia; estando ya en la universidad, otro joven apuesto y de buenos sentimientos decidió acercarse con el cortejo habitual de las parejas. ¡Debí alejarme, ahora lo sé! En sueños, la voz, aquella que tenía todos los sonidos y matices del bosque me ordenó tomar distancia porque la suerte sería la misma. No hice caso y el resultado, ya se imaginan. Entonces, con tantas vivencias sobrecogiéndome, la anciana mujer decidió llevarme a Pucallpa, lugar donde había aprendido el oficio de la adivinación y el don de comunicarse con el espíritu del bosque, asegurándome que había sido encantada o algo por el estilo, lo cierto es que a la vuelta de aquella experiencia ancestral el joven, me dijo: me largo, hay algo entre nosotros que jamás nos dejará vivir juntos, aléjate de mí, tú eres una mujer que ningún hombre podrá tener. Mientras se despedía en el mercado central, un camión cargado de plátanos lo arrolló dejándolo inconsciente. Pero antes de desfallecer por completo alcanzó a decirme: “eres el demonio”. Podría decir que estaba aterrada, pero había tantas cosas extrañas ya en mi vida que perdí el temor a la muerte y sus manifestaciones insustanciales.
Finalmente, el viaje lo iniciamos ayer. Atravesamos el túnel interregional, el Huallaga se veía plateado a distancia y el niño descansaba en mis brazos tan tierno y apacible, como si no fuera dueño de un terrible mal. Cuando llegábamos al recodo del Aucayacu promediando la hora sexta de la tarde, cuando el sol en el poniente daba sus últimos rayos y dejaba el cielo como un roja naranja, de súbito despertó dando gritos guturales e incomprensibles, ¡¿A quién llamaba?! ¡¿Qué veía?! Fue un misterio. Luego, permaneció atento a la ventana como si escuchara el llamado de la montaña. De repente un auto se nos atravesó en la autopista y dimos unas vueltas de campana y quedamos todos aterrados y en silencio bajo los negruzcos helechos de la cuneta cubiertos de cristales, de lodo y de sangre. Todo sucedió en un parpadeo. Después de sus gritos incomprensibles, mientras intentaba esconderle los bracitos y su carita para que los curiosos no lo vieran, creí sentir un ligero movimiento telúrico pero nadie más confirmó el evento. Me impacienté. La noche caía. Nos limpiaríamos las heridas y continuaríamos nuestro viaje. Claro que la policía nos llevó de regreso a Aucayacu para curarnos y atendernos. De los ocupantes feliz mente nadie falleció, sin embargo, quienes salimos casi ilesos fuimos mi hijo y yo, un signo de sorpresa les invadió a quienes nos acompañaron el viaje. Los heridos quedaron al cuidado de las enfermeras y yo continúe junto a mi talismán que me acababa de salvar la vida. Tenía que continuar, me reencontraría con los familiares, nos reconciliarnos y empezaríamos una vida distinta.
Un oscuro pájaro nos ha recibido cantando desde lo alto de un pandisho. A lo lejos las bombardas retumban en el poblado. Después de adentrarnos en la choza de tablas que alguien ha conservado todo este tiempo, hemos ido al río como es costumbre. Preferimos ir en la tarde para evitar el fuerte calor amazónico. Ha sido todo una sorpresa, Uchima-Chikan ha demostrado una enorme destreza para nadar a pesar de su corta edad. Yo estaba impresionada, era su primer contacto con el agua de un rio torrentoso como este y sin embargo buceaba como un niño de más edad. Pude notar el rechazo que tenían al principio sus primos y los niños mayores, que al verlo con sus bracitos siempre húmedos y piernitas lívidas y las orejitas puntiagudas y el cuerpito de un viejito escamoso; pensaron en que no podría nadar y se hundiría en el arroyo, pero en cuanto sus piernitas temblorosas tocaron el agua se convirtió en otro ser. Para sorpresa de todos, terminó por nadar mejor que los adultos que pescaban en la rivera más profunda. Estaban sorprendidos y maravillados al verlo, hasta decían que la pesca había aumentado y que este extraño niño era una bendición. El agua había devuelto el manjar de sus entrañas, dejó de temblar la tierra y los vientos ahora eran una suave brisa que acariciaba el rostro. Se avenían nuevos tiempos, de eso estaban seguros.
El niño, cuesta decirlo, desapareció en el anochecer frente a mis ojos, se alejó haciendo piruetas a contra corriente, a su lado iba su verdadero padre, el cuidador de las moyunas, montando en un gigantesco cocodrilo. Esto probablemente lo hubiera soñado, pero la realidad ha superado al sueño y ahora me pregunto, qué será de mí. Anoche vi que mis familiares lloraban alrededor de mi cadáver. Tal vez ya es tiempo de volver a empezar, es luna llena y los seres nocturnos empiezan su vaivén.


Relación de significados.
Uchima: en japonés significa "interior".
Chikan: en quechua significa “único, distinto a todos”.
Wanqara: en quechua significa “tambor”.
Moyuna: término usado por los pobladores amazónicos que significa “remolino”.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Umbral



El cielo abandonó su manto púrpura para verse por primera vez claro; entonces, descendí tras la última luna roja. Me había descubierto joven, miré a mi compañera y pensé en el doble juego, en el juego doble de nuestros sexos. Sin embargo ─ella y yo, por su puesto─ nos jugaríamos a todo, embistiendo al son de los tambores y negando el compás de los astros y sus cascabeles, empujando la rueda desdentada hacia el sulfuroso abismo.
Pensaba en el llanto estéril y en el Cristo pegado al seno. Sentí rabia (tal vez aversión). Fui contra él. Mi puño contra él. Vencí. ¡Blasfemé tu nombre! Quería el poder de reinos y estados.
De pronto vi la sarna de Job multiplicando pústulas. Apilándose los huesos encenizados al borde de la chimenea, escupiendo mí nombre hacia el firmamento que entonces tocaban mis manos. (Ella, la negra sombra solo veía la mordaz figura de un viejo gato lamiéndose, gelatinoso). La tomé encolerizado y volvimos al juego ─ella cedió, como siempre─. Entonces, miré atrás (sobre mi hombro) vi la casa, el palacio en cristales a distancia, mi choza, el palafito infernal. Lloré, lloré un llanto viscoso (dejé de embestir).
¡Soy acaso el vil verdugo de la muerte… Señor!, ¡me has enviado solo contra la ella! Grité.
Al instante me brotaron nuevas y grandes plumas tornasol mientras danzaba sobre el cuerpo estático de la víctima. Ella yacía sangrante. Los celestes espíritus temblorosos lloraban al hermano que se va… y nació un nuevo día para el hombre.

©Marcos M. Coronado

sábado, 8 de junio de 2019


Los Imberbes de Ricardo Ayllón


Después de una gratificante lectura de un gran autor peruano dueño de una trayectoria literaria como autor y editor, no queda más que compartir el texto de manera apropiada y no guardarlo en la memoria o en el espacio asignado en el estante para autores contemporáneos. La obra: Imberbes; su autor, Ricardo Ayllón.
De Ricardo se sabe que ha realizado varias entregas de títulos de narrativa infantil y juvenil así como del género narrativo en general, es ganador de varios premios nacionales como el Altazor de Novela Infantil (2014), entre otros.
Imberbes, es una colección de cinco cuentos muy bien trabajados, sabido es que el autor ha logrado con facilidad y maestría adentrarse en los vericuetos de la narrativa y contarnos con sencillez los dramas de sus personajes. La obra está recomendada para el plan lector y aparece bajo el sello de ornitorrinco editores, la temática es variada y asentada principalmente en la ciudad norteña de Chimbote. Hay en su escritura el juego de tiempos narrativos y de temáticas urbano-marginales.
El primero de los cuentos “Patarra” y del que esbozaremos algunas ideas. Es a nuestra forma de ver el personaje creado por el sistema educativo de nuestros tiempos, carente de estructura y políticas educativas integrales: de calidad y equidad que tanto se esfuerzan los ministros de turno por hacerlo creíble. Lo cierto es que Patarra, el protagonista, un niño que cuanto más intenta congraciarse con los estudios no va a lograrlo y lo abandona, aunque él sabe que es capaz de superar sus dificultades para el estudio, sin embargo las adversidades siempre están ahí para hacerlo desistir. Los valores o antivalores que aquí se presentan pueden ser la siguiente dicotomía: perseverancia-abandono, amor propio contra el desprecio de sí como sujeto que se niega a aprender, hasta un acto de justicia e injusticia con el desenlace cuando el ave que posado sobre su cuaderno acaba con sus ilusiones de dedicarse al estudio.
Patarra, sin embargo, representa ese niño-adolescente que aunque los estudios no les son favorables ya sea por múltiples factores: entorno familiar, escolar, aprestamiento o dedicación, contexto social, etc. Prefiere hacer lo que sus compañeros mejor elogian y es ocupar su tiempo en actividades en las que sí son valorados pero que no contribuyen a su “formación” (desde una mirada tradicional) y prefiere ir tras las lagartijas fungiendo el mejor tirador y es además diestro con el balón de fútbol. Esto nos lleva a la reflexión que desde la escuela debemos tener una mirada más integradora y menos excluyente, más equitativa e integral. Como docentes estamos en la obligación de ser críticos del sistema pero también guiar a los estudiantes a ser conscientes de sus capacidades y aprovecharlos en mejora de un proyecto de vida real.
Considero que es un libro que debemos tenerlo como lectura obligada, si cabe el término “obligado”, sino necesario. Y reflexionar sobre la actividad pedagógica y el proceso mismo de la creación. Al final del libro hay un plan de trabajo para analizar los cinco cuentos o como prefiere denominarlos con más propiedad, Jorge Eslava, otro magnífico escritor, cinco relatos.



sábado, 11 de mayo de 2019

DESHABITADOS



Aprendimos a odiar como las bárbaros
etéreos que siempre fuimos
[cargados de dolor como dos polos],
listos para aprender el juego de los no-hombres.
Arrancado las flores y las hojas frescas
de los ajuares de la primavera.
imprimiendo el gris de nuestras almas
en cada acto como los seres deshabitados
que siempre seremos.

miércoles, 20 de junio de 2018

Funeral



FUNERAL

Caronte, el barquero


No quiero barca, corazón barquero,
Quiero ir andando por el mar al puerto.
RAFAEL ALBERTI.

¡Oh mi Ser, estás allí sometiendo la jauría de sombras!,
guiando las horas desde el faro sobre la crecida ola,
caporal de mis sombras augurales.
Devuelves la identidad y la patria, los campos y
la hoja ondulante de la libertad en tu pecho, en tu molde claroscuro,
donde mis manos te van dando vida desde la simiente.
¡Oh mi Ser! ¡Espejo, ópalo, mineral, forma de mis formas!
Esta condena de beberse los bofes de cara al sol tras el llanto de costillas,
me envuelve los pies con un manto sibilino.
Y danzan agujas a la altura de la pena, cuando caen los sueños en el polvo…
¿Dónde está tu brillo, dónde estás tú, qué hace tu espalda lacerada en mi lecho?

En mi barca cabe mi juego de serpientes y estas monedas herrumbradas de miseria.
¡Vuelve a la orilla! Vuelve y corta la voz para mirarme solamente
como una sombra sola, como el espectro que mira su reflejo y descubre su designio de cucaracha.

Las olas vuelven casi siempre galopantes a morir en la orilla, sin peces, sin corales,
sin fuerzas de luchar contra marea, contra vientos, contra la oscuridad perpetua.
Las olas vuelven idénticas y amorfas, caen de bruces a los pies de los amantes…
Y van lavando las cruces, van mojando sus cruces, van sus cruces amando.

¿Cómo pretendes ocultarte entre los vientres inflados de nada?
¿Cómo entre tus manos inmundas profanas mi templo ausente?

Llegas al hueso de la idea royendo un famélico deseo,
como si de tanto velar el santo de las formas,
ellas volvieran listas para devorarnos.

Y de pronto soy el cadáver que yace anidando lechuzas
en las cuencas vacías, tendido entre el mar y la arena,
y vivo escondiéndome en el sueño efímero de las olas
y su vaivén de música infinita…

¡Oh mi Ser! Devuélveme el canto de la vida…